Aquel año el cuerpo volvía a pedir un viaje en bici. El Puma le calentó las orejas al Abuelo con un artículo sobre la costa del adriático, y en cuanto ahorró cuatro duros, pilló un billete para Zagreb.
Iker no se acabó de animar, pero un ciclista vasco con maneras de escalador colombiano, el señor Antxeta, se enroló en el equipo. Y así fue que el agosto más caliente del siglo XX, coincidiendo con una ola de incendios que arrasaba Croacia, recorrimos una pequeña parte de la antigua Yugoslavia.
En algunas zonas, resultaban muy palpables los efectos del conflicto que asoló la region en la década de los 90 ante la impasividad de Europa, la cual intentaba ahora lavar su imagen invirtiendo dinero timidamente en infraestructuras y mandando a sus tropas a llenar los prostibulos locales.
Dicen que necesitarán aún varias generaciones para cerrar las heridas. Espero que no cierren en falso, pero ya desde hace décadas se denominaba como "avispero" a ese rincón del mundo.
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Aunque con el tiempo se tiende a olvidar los malos momentos (eskerrak!), no sé si llegare a borrar de mi memoria a los conductores kamikazes croatas. Era un alivio pasar a las islas, porque la carretera del interior fue una pesadilla.
Durante el viaje, a menudo tuve la sensacion de estar metido en una película de Kusturica. Recuerdo que la guía se refería al adriático como la meca del nudismo, pero en un pueblo aprovechamos una manguera para protagonizar un anuncio de Sanex en la plaza, y un viejo casi nos fusila allí mismo con las balas que le sobraron de la guerra.
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Este viaje fue una buena escuela en muchos aspectos. Hay que ser consciente de tus límites, y no puedes rebasarlos una y otra vez sin que pase factura. Menos mal que la gastronomía era excelente, porque sino, hubiesemos vuelto hechos unos Skeletor.
Tambien llegamos a ser maestros negociando con los jodidos autobuseros. Creo que en las pruebas para mediador en conflictos internacionales, el examen practico consiste en meter tu bici en un autobus bosnio.
Para terminar, comentar que es una pena la mala calidad de las fotos y la poca pericia del fotografo (que soy yo), que no anduvo muy inspirado.